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Importada de Checoslovaquia por decisión administrativa e introducida
en el año 1968 en algunos ríos españoles, es una especie de gran tamaño que puede alcanzar los 2100
mm de longitud total y 105 kg de peso, aunque en España los mayores ejemplares
no superan los 12 kg. Dos aletas dorsales, la primera con radios y membranas
interradiales y la segunda adiposa. Presenta manchas negras y rojas que varían
en las diferentes poblaciones. La cabeza es alargada, con un maxilar comprimido
dorsolateralmente, extendiéndose el premaxilar por el espacio postorbitario.
Posee dientes vomerianos. Escamas muy pequeñas, en la línea lateral hay de 107
a 194.
Vive en ríos de
aguas frías, donde la temperatura no exceda los 15°C en verano, y elevado
caudal. Experimenta cortas migraciones en el río de 10 a 25 km. La reproducción
tiene lugar en primavera cuando la temperatura del agua se sitúa entre 5 y
10°C. Los huevos los depositan en la grava en número de 1.600 a 35.000. Crecen
rápidamente, llegando a alcanzar 13 cm en su primer año, 30 cm en el segundo
año de vida y al cabo de 5 años pueden medir más de 55 cm. La dieta de los
juveniles es parecida a la de las truchas y basada en pupas y larvas de
insectos, mientras que los adultos son típicamente depredadores de ciprínidos.
Su pesca (Texto de Fco. J. Martínez, Diputación de Salamanca)
Para pescarlo con ciertas garantías de éxito,
el equipo básico del pescador debe estar compuesto de una caña potente y resistente y un carrete con un freno muy elástico
para poder trabajar bien el pez cuando éste se encuentra en plena lucha. El sedal que se emplea para pescar huchos suele ser
trenzado o monofilamento de gran resistencia, aunque también se utiliza el kevlar. Como depredador que es, los huchos atacan a
cualquier señuelo que imite algún pequeño pez. Así funcionan con éxito cucharillas grandes y peces artificiales. En las últimas
temporadas hay pescadores que desafían a este gran coloso del Tormes con mosca artificial, una técnica más vibrante y más complicada
que la pesca tradicional.
Una vez que el hucho se siente trabado, intenta zafarse de los anzuelos con espectaculares carreras en plena corriente del río.
El pescador debe tener aguante y trabajar con delicadeza el pez para que éste no rompa el sedal y logre escaparse. Así,
después de varios minutos de dura lucha, el pescador posará para la posteridad con un gran hucho entre sus manos.
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