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Es un ciprínido que raramente supera los 300 mm de
longitud, siendo el tamaño de la cabeza relativamente grande comparado con el
tamaño del cuerpo. La boca pequeña y terminal no tiene barbillas sensoriales.
Su aleta dorsal es alargada y suavemente cóncava y tiene entre 25 y 35 escamas
en la línea lateral. El color varía en las formas silvestres entre un tono
castaño-verdoso y dorado, existiendo formas con colores y aspectos llamativos
empleadas como ornamentales. Las características externas son muy similares a
las de Carassius carassius, de la que se diferencia por el número
de branquispinas: 39-50 en C. auratus y 22-33 en C. carassius.
Prefiere aguas poco profundas de
lagunas y ríos de corriente lenta, con abundante vegetación y fondos blandos,
encontrándose generalmente en las orillas. Es un pez resistente que puede
subsistir en condiciones muy desfavorables como contaminación de aguas, falta
de oxígeno y fríos invernales, que no pueden soportar otras especies. Durante
el invierno, al igual que las carpas, permanecen casi completamente enterrados
en el barro, limitando mucho su actividad hasta que llega la primavera. La
freza se produce en aguas con densa vegetación sumergida en mayo-junio. Su
alimentación es diversa, abarcando desde algas a invertebrados bentónicos.
Originario de Asia
y Europa Central, aparece hoy en aguas de unos treinta países de todos los
continentes. En Europa parece estar en expansión, y en algunas zonas no se sabe
si es una especie nativa o introducida, presentando una amplia distribución en
la actualidad. Su introducción en aguas españolas debió coincidir en el tiempo
con la de la carpa, hacia el siglo XVII.
Debido a su caracter exótico, parece aconsejable
limitar al menos su expansión, favorecida por el uso que se hace de este pez
como cebo vivo.
Su pesca
Podremos utilizar los mismos sistemas de pesca que utilizamos para su hermana la carpa.
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